Grave inundación en Villa Inflamable producto de la inacción estatal


Villa Inflamable -Dock Sud, Avellaneda- amaneció ayer inundada, luego de la tormenta del último domingo: las calles intransitables, las casas rebasadas de residuos y de aguas servidas, y a diferencia de lo que el sentido común dicta, la responsable no fue la lluvia, sino la desidia y el desinterés de las autoridades públicas encargadas de realizar las obras de infraestructura. El Estado, en sus diferentes jurisdicciones nacional, provincial y municipal, está ausente y es responsable de un nuevo daño a la comunidad de Villa Inflamable.

La deuda pendiente en materia de obras públicas en Villa Inflamable es aún muy grave y de larga data, y las contingencias climáticas muestran estas falencias y cómo impactan de manera desigual en la población más vulnerable. Así, esta inundación se explica principalmente por la falta de obras, y la reciente interrupción del mantenimiento de los desagües, lo que no ha permitido que el agua de lluvia drene normalmente, impactando seriamente en la población de de esta comunidad, su salud y calidad de vida, así como en la pérdida de bienes materiales. Además del grave déficit de mantenimiento, faltan obras estructurales en materia de desagües pluviales, fluviales, cloacas, y no se han realizado controles sobre el movimiento de tierras que realizan las empresas sobre las lagunas -que afectan el drenaje y alivio de las aguas pluviales-.

Lo que comúnmente podría ser una contingencia climática, en Villa Inflamable se traduce en:

  • Una deficitaria gestión de residuos sólidos urbanos, lo que agrava y complejiza el problema de la lluvia en las viviendas y calles;
  • El agravamiento de los problemas de la contaminación del suelo por el ingreso del agua en las viviendas, y la mayor exposición con los contaminantes del suelo y del agua que incrementan los daños en la salud;
  • Una mayor incidencia de enfermedades respiratorias y alergias, que se agravan por la inaccesibilidad a los servicios de salud, y por el estado de las calles que impactan en que las personas no puedan salir y las ambulancias no pueden entrar;
  • Un servicio público de transporte insuficiente y casi inexistente, que repercute en que los niños/as no pueden asistir a las escuelas, entre otros daños;
  • El impedimento en el reparto de agua, que en Villa inflamable se reparte en bidones, dejando a sus habitantes sin suministro para el consumo;
  • El incremento del riesgo eléctrico.

 

Esta situación no es excepcional, sino que se repite con cada contingencia climática. Paralelamente, no es menos grave la falta de implementación de un plan de contingencia ante inundaciones, articulado y coordinado entre las distintas jurisdicciones -a pesar de lo prometido por Acumar en 2016-, que garantice que el Estado brinde una respuesta oportuna ante la urgencia, en el marco de una planificación a mediano y largo plazo.

El problema no es presupuestario, sino de déficit en la ejecución de las políticas públicas. El Ministerio de Ambiente contrató, financiado a través de un crédito del Banco Mundial, a una empresa que se encargaría de desarrollar un plan. El control de dicho plan y su desarrollo estaría a cargo de la Dirección de Riesgo y Emergencia de la Provincia de Buenos Aires y la Coordinación del Plan de Manejo Hídrico y del Consejo Municipal de ACUMAR. Sin embargo, el estado de situación no ha cambiado en este aspecto para los habitantes de Villa Inflamable, quienes aún desconocen los términos de dicho plan, no se los ha consultado, y sólo perciben las consecuencias de la inacción estatal.

Todo esto da por resultado un panorama desolador donde se suman vulneraciones a los derechos humanos de manera que agravan la situación de los habitantes de esa comunidad. Los problemas de este barrio requieren no sólo pensar las inundaciones como un escenario de riesgo futuro, sino como una problemática urgente, pues lo que está en juego es la salud y los derechos.

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